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JMBFundación Juan Mari BrásArchivo y legado

De Juan Mari Brás

La visita imperial

LAS AUDIENCIAS CELEBRADAS POR EL COMITÉ de lo Interior de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sirve para clarificar a los puertorriqueños pensantes unos cuantos conceptos capitales en el entendimiento de nuestro problema vital.

En primer término, quedó comprobado que el gobierno de Estados Unidos mantiene su voluntad de imperio sobre Puerto Rico. Tanto en los comentarios individuales de los congresistas que integraron el comité, como en el tono arrogante y hasta grosero en que interpelaban a sus propios servidores en la isla, manifestaron que persiste en ellos la misma actitud de dueños y señores de nuestro suelo y nuestro pueblo. Para ellos, el estado libre asociado no significa nada. Puerto Rico sigue siendo una mera pertenencia. Como apuntara muy acertadamente el dirigente universitario Norman Pietri, “la visita misma es la grosería más grande que se le puede hacer al pueblo puertorriqueño”. Los integrantes del comité son los señores feudales que vienen a oír las quejas de unos colonos contra otros y sus promesas de servilismo...”

En segundo lugar, se advierte con toda claridad que los señores congresistas se han dado cuenta de que toda la pantomima montada aquí por ellos mismos, con la colaboración del actual gobierno, les ha fracasado. Y como les ha fracasado, ya no hay elogios desmedidos para el pobrecito gobernador de la colonia, que no escatimó esfuerzos para halagar a los visitantes. Ya no hay la euforia aquella con que hace un año no más se proclamaba a Puerto Rico como vitrina de los grandes logros de un experimento americano en colonialismo.

Así son los imperios. Se sirven de sus colaboradores en las colonias mientras estos les dan algún rendimiento. Cuando empiezan a notar que ya no les son útiles, los arrojan como bagazo al descrédito público.

De ahí las manifestaciones de O’Brien de que la alegación del Gobernador Muñoz Marín en el sentido de que la gran mayoría de nuestro pueblo apoyaba el ELA era una clara tontería (“Sheer Nonsense”), y los múltiples comentarios y preguntas hirientes que le hicieron en público —¡no digamos en privado!— a los portavoces del gobierno elástico.

Entendidos los hechos anteriormente señalados, comprenderemos bien lo demás. O sea, si tienen interés en continuar dominando a su antojo a Puerto Rico, y saben que el ELA ha fracasado, lógico es suponer que están buscando un nuevo modo de. engañar a los puertorriqueños y al mundo para lograr su objetivo: mantener a la isla bajo su control. Así nos explicamos el jueguito de la estadidad. Ante el fracaso de la forma semiautonómica, hay que entretener al pueblo boricua haciéndole acariciar la esperanza de que Puerto Rico puede ser proclamado estado de la federación norteamericana.

Hacer a Puerto Rico estado de la unión sería la culminación del proceso imperialista aquí. Pero para ello necesitarán lograr un objetivo muy difícil, en el caso nuestro: desplazar al pueblo puertorriqueño de esta isla, hasta convertirlo en minoría. Entonces, y solo entonces, darían ellos la estadidad. Así fue en Texas y Nuevo México, en Hawaii y en Alaska.

Por eso, los señores congresistas estimulan; la aspiración anexionista de nuestra anti-patria, el Partido Republicano. Pero se cuidan de no ofrecer nada en concreto. Ni siquiera se arriesgan a autorizar ellos un plebiscito, porque no vaya a entenderse que la mera celebración del mismo conlleva un ofrecimiento congresional de estadidad. Sugieren que el plebiscito lo auspicie la asamblea legislativa insular. Así quedan ellos protegidos contra toda contingencia adversa a sus intereses.

Ellos tienen trazado su plan. Sería ingenuo pensar lo contrario. Y el plan es, ahora como antes, la despuertorriqueñización de Puerto Rico, el aniquilamiento de nuestra nacionalidad, el desplazamiento de nuestro pueblo por norteamericanos.

Si lograran ese objetivo, si los puertorriqueños alguna vez pasáramos a ser una minoría en nuestro propio suelo, si llegásemos a ser lo que son los mexicanos en Texas y Nuevo México, o los hawaianos en Hawaii, o los esquimales en Alaska, si se llegara el momento en que la vida económica, política, social y cultural de esta isla estuviera en manos de norteamericanos, entonces culminaría el proceso imperialista con la estadidad.

Pero si no logran eso, y continuamos vigorizando nuestra nacionalidad en todos los ordenes, no habrá estadidad. La historia de Estados Unidos refleja claramente que ellos interesan absorber territorios para la expansión de su pueblo, pero no incorporar otros pueblos a la federación.

Y como no vendrá la estadidad, tendrá que venir la independencia. Porque el sistema colonial está destinado a desaparecer de la faz de la tierra, como ha desaparecido virtualmente la institución de la esclavitud.

Nuestro objetivo tiene que ser, pues, acelerar la marcha hacia el colapso colonial en Puerto Rico.

Tenemos que hacer que Estados Unidos se vea obligado a resolver el problema puertorriqueño ahora, cuando hay aquí un pueblo vigoroso y una nacionalidad sólida y compacta. De esa manera, la independencia está garantizada.